Xk-Uno

Marcha_.

Sobre la masa de gente asfixiada por las lacrimógenas y revolcada por los chorros de agua comenzaron a correr imágenes recién capturadas de policías abriendo fuego blanco. Se oían gritos de protesta e indignación en donde antes había consignas y mantras viejos. Las imágenes en movimiento del tráfico colapsado eran como una metáfora del colapso social e institucional; gentes atrapadas en los buses articulados, ejecutivos agrediendo a ciclistas y ciclistas agrediendo a ancianas vendedoras de empanadas. Sobre ellos llovían imágenes de amas de casa sirviendo platos tradicionales a la francesa y de estudiantes universitarios armados de Nikon y mochila arhuaca detrás de las filas. Las voces tuercen el sentido de lo que ocurre; solo puede haber un culpable y está en Palacio; los demás siempre seremos víctimas con derecho a todo.
Se aprovechó el humo de los incendios para proyectar imágenes de marchas aún más antiguas; hombres y mujeres traían sobre los hombros un trono de madera en el que había sentado un niño vestido con mantas pintadas. En sus muslos y rodillas posaban aves de colores con las cuales hablaba. Tras el grupo con el trono en andas se extendía una multitud vestida con sus mejores fachas, olorosos a perfume de tierra y hojas. Sus adornos y alhajas de fantasía brillaban furiosamente en medio de la calle mientras sonaban melodías desafinadas.

Mi entrega final en el H.L.B.

Video de cinco minutos _ verdades incómodas de la ciudad. Artista invitado: Simon Weckert y sus 99 smartphones. Proyección sobre cara frontal sede AfD. Acción dramática complementaria frente edificación, en medio de la calle.

6:00pm, miércoles.
Avanzamos entre la multitud cubiertos con sábanas negras. Weckert: con su carretilla de celulares desde hace media hora: Calle despejada. Sólo gente a pie. Fuera sábanas negras; comenzamos.
Enciendo proyector / mi pecho. Resto del grupo / burlesco de generales y generalas drag en medio de la calle. El video se embadurna deliciosamente sobre los cristales…
Blanco y negro: primera fila de superhombres, carcomidos por el hongo del acetato, sucios de tiempo. Armas al hombro; águilas y cruces. Clip de tanques y aviones en acción (transparencia) sobre las tropas en marcha. Contrapicados de atletas sonrientes; saltan las guedejas y las tetas, se raspan en los ladrillos e intersticios. Transeúntes: se detienen; observan, molestos: más de lo mismo, ofensas a la bandera… ese pasado culpable. De repente, la impostura de cruces y medallas que ocurre en la calle se torna juego de vironchas. La generala más reina, como afectada por invisibles cosquillas, se quita los pantalones. El generalísimo condecorado saca su fusta rosa y lo castiga, inclinándose hacia delante, los pies en puntas. Los otros oficiales también se arrebatan, y cambian sus chaquetas por otras más cortas y ceñidas, only style nazifashionista: Danza de luces y lentejuelas, pájaras pintas jugando a la guerrita.
En la fachada del edificio acaban las del triunfo de la voluntad y otras propagandistas, y estallan escenas pornomilitares interraciales. Oficiales y oficialas del Tercer Reich copulan. Los más son mestizos y negros, o si se prefiere afrodescendientes y biotipos pluriétnicos multiculturales que se cogen, con el uniforme mal puesto, a las blancas y blancos puros, también de uniforme, desencajados, indignos. Todos tiran o son tirados en imposibles poses a la luz de los transeúntes.
Tres chicos del grupo hacen registro con sus celulares.
Llega la policía; apago el proyector; nos dispersamos; desaparecemos…