Marcha_.

Sobre la masa de gente asfixiada por las lacrimógenas y revolcada por los chorros de agua comenzaron a correr imágenes recién capturadas de policías abriendo fuego blanco. Se oían gritos de protesta e indignación en donde antes había consignas y mantras viejos. Las imágenes en movimiento del tráfico colapsado eran como una metáfora del colapso social e institucional; gentes atrapadas en los buses articulados, ejecutivos agrediendo a ciclistas y ciclistas agrediendo a ancianas vendedoras de empanadas. Sobre ellos llovían imágenes de amas de casa sirviendo platos tradicionales a la francesa y de estudiantes universitarios armados de Nikon y mochila arhuaca detrás de las filas. Las voces tuercen el sentido de lo que ocurre; solo puede haber un culpable y está en Palacio; los demás siempre seremos víctimas con derecho a todo.
Se aprovechó el humo de los incendios para proyectar imágenes de marchas aún más antiguas; hombres y mujeres traían sobre los hombros un trono de madera en el que había sentado un niño vestido con mantas pintadas. En sus muslos y rodillas posaban aves de colores con las cuales hablaba. Tras el grupo con el trono en andas se extendía una multitud vestida con sus mejores fachas, olorosos a perfume de tierra y hojas. Sus adornos y alhajas de fantasía brillaban furiosamente en medio de la calle mientras sonaban melodías desafinadas.

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