(Investigación, imágenes y texto, Lautaro Bolaño, Brigadista)
Estas sondas rastrean, capturan, conservan y exhiben un tipo de ADN lingüístico reciente, uno, cuyo proceso de configuración y encadenamiento escasamente alcanza un (1) siglo y que entre otros logros habían dado forma, materia y color a lo que los humanos llamaron modernidad.


Hicieron experiencia de la “idea” con la invención del arte abstracto, versión materialista y concreta de una jerarquía ideal que le había arrebatado la verdad de la experiencia a la realidad. Ese ADN se encuentra en la constitución biolingüística de productos y manifestaciones culturales que emergen de una dimensión poco conocida y señalada como “el terreno de la imaginación”.
Sin embargo, esa suposición queda desvirtuada, ya que el funcionamiento de las sondas señaladas ha sido jaqueado por las fuerzas invasoras de los microshipswar, a través de un proceso corrosivo que ha bruñido las texturas de lo humano, ha “polichando” las superficies al punto de un vaciamiento total de la memoria, del rastro y la evolución de las formas.

Estas sondas impostoras se han convertido en máquinas lubricantes del mercado de fetiches y marcas, le han sido borrados los datos, algoritmos y variables en su dimensión submediática, por lo cual solamente sostienen efluvios o datos falsos y fantasmagóricos en un estado de permanente ilusión, nada pesa ni está sostenido por un soporte, todo se genera y se consume continuamente, se hacen transparentes las imágenes, tanto, que no portan nada, y nada se ve distinto a través de ellas.

